sábado, 16 de abril de 2016

Fantástico: la ciencia-ficción ha muerto (y la fantasía también)


Así de contundente lo ha dicho George R. R. Martin, el ínclito autor de Juego de Tronos. Pues si lo dice él no le voy a llevar yo la contraria. Con lo que le gusta al personal ese tipo de historias, cualquiera dice que no me gusta.

Y es verdad, en clase hemos visto la evolución desde la utopía de 2001: odisea en el espacio, a las distopías varias que surigirán ya en entreguerras (Un mundo feliz) y sobre todo tras la crisis del petróleo (Blade Runner, Mad Max, Matrix...). De manera que el futuro... ha muerto. No future, ya dijo el punk.

Así que vuelta al pasado (steampunk, que ha trabajado muy bien Lara) o mejor vuelta a la fantasía (Juego de Tronos, Harry Potter, Las crónicas de Narnia y un largo etcétera). Hay que precisar que ya en los años setenta La guerra de las galaxias combinaba ciencia-ficción y fantasía.

Personalmente le tengo cierta aprensión a tanta fantasía. Algunos ya concocen mi predilección por el realismo. Es que soy de la escuela española. Aclaro: me carga no la fantasía sino el exceso de fantasía y, sobre todo, la falsa fantasía. En todos los títulos pretendidamente fantásticos hay lo mismo: mucho dragón y tal, pero lo que subyace es la típica historia de buenos y malos, guapos y guapas, mucho sexo, mucho músculo y poco cerebro, que cantó Siniestro Total (cachonda distopía musical, con dos narices).

Tanto es así que he reescrito a mi manera (artística manera) la obra de George R. R. Martin. Véase y escúchese:
  

Yo quisiera, como Cervantes, hacer una limpia entre tanta purriela fantasiosa (peor que fantástica). Distinguir, como Machado, las voces de los ecos. Expurgar entre la hojarasca aquellas obras que, aun siendo desconocidas, ofrecen fantasía de verdad. Por ejemplo, Viaje a la Luna, de Georges Méliès. Voilà:

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